Filosofía del club

Atlético Tacoronte

Un aspecto de desagradable actualidad son los repetidos casos, no solo a nivel regional, sino a nivel nacional, de la falta de disciplina o incluso violencia física o verbal en el contexto del fútbol base. Es por ello que el Atlético Tacoronte  apuesta por una educación integral de sus futbolistas.

Cuando una persona acepta el compromiso de entrenar/dirigir a un equipo de niños/adolescentes, asume una gran responsabilidad. De forma indirecta se convierte en protagonista de su proceso de formación como personas y como futbolistas. Convivirá muchas horas junto a ellos, compartiendo un único motivo, el fútbol, donde para muchos serán un referente o un modelo a seguir.

Si se tiene claro lo anterior, hay que ser conscientes que un porcentaje muy bajo conseguirán dedicarse a este deporte profesionalmente. Por lo tanto si solamente nos centramos en la educación deportiva con la única finalidad de alcanzar la élite estaríamos condenados al fracaso.

Este proyecto deportivo no sólo se puede centrar en el ámbito futbolístico, sino que tiene que ser complementado con un desarrollo de los aspectos que construirán la personalidad de los jugadores. Competentes tanto a nivel deportivo como a nivel social.

Para conseguir esto se debe proponer en cada entrenamiento o partido el desarrollo de los siguientes ámbitos:

En el aspecto motor, es fácil conseguirlo, ya que es a través del fútbol en este caso, donde el niño se desarrolle motrizmente. Se verá el crecimiento a lo largo de todas las categorías por las que pase, así como su evolución. El papel del monitor en este aspecto es de suma importancia, ya que tiene que ser consciente de dicho desarrollo, y así adecuar la práctica deportiva con la edad y nivel de desarrollo de los niños con los que se entrene.

En el fútbol, igual que en la vida, surgen problemas que debemos analizar y tomar decisiones eligiendo la opción más acertada o correcta para ello en cada momento. Por esta razón cobra importancia el aspecto cognitivo del niño, se debe en todo momento crear situaciones de aprendizaje donde el niño por sí solo deba analizar, tomar una decisión y rápidamente ejecutarla. En definitiva, crear jugadores inteligentes capaces de resolver cualquier situación que se les presente.

También respecto al área cognitiva está la relación fútbol-estudios, en la que hay que estar preocupados e interesados en que los/las niños/as sigan una evolución educativa correcta. El fútbol debe ser una actividad complementaría sin en ninguno de los casos dejar de lados las obligaciones educativas. Dentro del club se contará con profesionales de la educación (maestros, psicopedagogos, etc.) que estarán a disposición de las familias si requieren cualquier tipo de consulta o ayuda para sus hijos/as.

Respecto a lo propiamente afectivo, se debe tener claro que en un ambiente feliz, la convivencia y la práctica deportiva para jugadores, entrenadores y demás personas implicadas siempre será favorable.

Un monitor/entrenador trata con niños de diferente estatus social, con más o menos problemas en sus familias, y muchos ven el fútbol como un escape de liberación y disfrute. Al igual que hablo de los niños o niñas, también me refiero al propio monitor, donde tiene que tener claro que el tiempo que está con los niños se aislará todo lo posible de sus problemas, a la par que será lo más empático posible con sus jugadores, y ambos pasar el tiempo de práctica deportiva felizmente.

Por último desde el punto de vista social, se mostrará al niño nuestra pasión por este deporte de una forma sana, aprendiendo y disfrutando de cada éxito o derrota, dándole la importancia que el fútbol conlleva, y que no es otro, que el disfrute de un deporte tan bonito como este. Enseñar el fútbol en valores: compañerismo, deportividad, empatía, disfrute, respeto… deben ser el día a día en las sesiones de entrenamiento. Todo ello no solo mejorará la práctica deportiva, sino que se estará colaborando en la formación como personas de estos niños/as.

Se debe conseguir en el grupo un sentimiento de pertenencia, de unión, que los niños estén motivados en cada momento por disfrutar del fútbol con sus amigos y en nuestro equipo.

Para finalizar se toma como ejemplo la frase de Rousseau; “un niño no es un adulto en miniatura”, para que seamos conscientes de que se trata con niños, y que todo, absolutamente todo ha de adecuarse correctamente a la edad de los niños con los que tratemos. Debemos tener claro que conviviremos con ellos durante casi diez meses y que seremos un ejemplo a seguir, por lo que cuidemos las formas y a parte de enseñarlos a jugar al fútbol, también eduquemos.